Paseo por Sol estos días y todavía un año después se me saltan las lágrimas al ver como todavía un mundo mejor es posible. El 15M es uno de los pocos signos inteligentes que quedan a nivel mundial en el aspecto social-político y punto de unión inquebrantable entre todas y cada una de esas personas que usan neuronas, no asienten pasivamente ante las falacias de una sociedad corrupta y que aspiran por un cambio justo que equilibre de nuevo esta vapuleada y manipulada confusión que denominan “democracia”.
Desmitificar es importante. No considero que sea un movimiento político definido y especialmente del ala izquierda. La oposición a la corrupción, por ejemplo, debería ser el anhelo de todo ciudadano, independientemente de a quien vote en las urnas cada cuatro años. Yo, personalmente conozco gente de los dos partidos mayoritarios en el país que está a favor de este fenómeno social, que se ha convertido en un referente para el resto del mundo, quizá porque es aquí, en España, donde más trapos sucios tenemos que lavar.
Igualmente, es innegable que el 15M no es propiedad de cinco hippies aburridos que intentan traer la paz mientras despulgan perros y tocan flautas. Es un lazo globalizado de inconformidad ante este sistema injusto que reclama los derechos básicos que figuran solamente en papel pero no en kilometraje de vida. Me aburre ver como los políticos se pasan la patata caliente y pelean tal como hacen los niños en el patio del colegio, intentando superar el pensamiento y el logro del otro sin saber que la cooperación proporciona más beneficios que una competición que hunde a un país que nunca se ha creído serio. Es por ello, que salga adelante y se transforme en un fruto con resultados comunes o se estanque en algo que simplemente quedará plasmado en los libros, yo prefiero salir a la calle y gritar que también soy un INDIGNADO antes que seguir viendo este partido de tenis político, más parecido a un vulgar trilero que en vez de bolitas esconde nuestro futuro.







